Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas

8.10.07

sobre dios


"Dios no existe, aunque decirle esto a la humanidad es como decirle a un niño que su amigo invisible no existe ¿cuando madurará la humanidad?"

"Rendirse ante la ignorancia y llamarla dios siempre ha sido prematuro, y aún sigue siéndolo"
(Isaac Asimov)

¿Por qué voy a permitir que me diga cómo educar a mis hijos el mismo dios que tuvo que ahogar a los Suyos?"
(Robert Green Ingersoll)

"La ciencia no sólo no ha encontrado a dios, ni siquiera lo está buscando."
(Gary Sloan)

"Las religiones, como las luciérnagas, necesitan oscuridad para brillar."
(Arthur Schopenhauer)

"La religión es una obra maestra del arte de entrenar animales, porque entrena a la gente sobre cómo deben pensar."
(Arthur Schopenhauer)

Estoy en contra de la religión porque nos enseña a estar satisfechos con no entender el mundo."
(Richard Dawkins)

"No puedo seguir a los cristianos, ellos van de rodillas, yo voy de pie"
(Charles Bradlaugh)

"Si dios creó el mal que lo ofende, es un caso extremo de masoquista"
(Cesare Pavese)

"Es curioso que la iglesia católica aliada de Hitler, de Franco, inventora de las cruzadas y de la Inquisición, protectora de los peores dictadores, grite que sin la religión, el mundo estaría peor"
(Eduardo del Rio "Rius")

"En cinco siglos no nos ha dado amor, ni paz, ni justicia. Por favor tome su Biblia y devuélvala de nuevo a nuestros opresores, porque ellos necesitan más sus preceptos morales que nosotros. Porque desde la llegada de Cristóbal Colón se impuso a la América, con la fuerza, una cultura, una lengua, una religión y unos valores propios de Europa"
(Un grupo de indígenas peruanos al devolverle una Biblia al papa Juan Pablo II durante su visita a Perú en 1985)

"No es dureza de corazón o pasiones malignas lo que conduce a ciertos individuos al ateísmo, sino más bien una escrupulosa honestidad intelectual"
(Steve Allen)

"Las iglesias fueron el caldo de cultivo del ateísmo. Las religiones organizadas escandalizaron y disgustaron profundamente la conciencia occidental. Las iglesias y las sectas habían devastado Europa, habían perpetrado masacres, habían exigido la resistencia o la revolución religiosa y habían intentado excomulgar o deponer monarcas."
(Michael J. Buckley)

"Yo no puedo ser religioso ni creer en dios. Prefiero la filosofía, la lógica, la razón, pues no puedo poseer al mismo tiempo lo evidente y lo incomprensible"
(Pierre Bayle)

"Yo no creo en nada. Para mí la fe es algo tan odioso como lo es pecado para los creyentes. El que sabe, no puede creer. El que cree, no puede saber. El término "fe ciega" es una redundancia, pues la fe es siempre ciega"
(Ernest Bornemann)

"Los dioses son cosas frágiles; pueden ser asesinados con un atisbo de ciencia o una dosis de sentido común"
(Chapman Cohen)

"¡Eh!... supongo que somos gente horrible y realmente inmoral porque nos rehusamos a acoger la idea de un tipo grande en el firmamento que exige ser adorado y alabado todo el tiempo y que, si Ud. pertenece a la religión equivocada o no tiene religión, lo enviará a un campo de concentración subterráneo y eterno a freírse para siempre"
(Kel Crum)

"Sin el Hombre, no hay dioses. Pues sólo el Hombre puede ser tan vanidoso, para creer que para él se hizo todo el universo"
(Javier Correa)

"La religión tiene por padre a la miseria y por madre a la imaginación."
(Ludwig Andreas Feuerbach)

"Si 50 millones de personas creen una tontería, sigue siendo una tontería"
(Anatole France)

"La teología nunca ha sido de gran ayuda. Es como buscar —a medianoche y en un sótano oscuro— a un gato negro que no está ahí"
(Robert A. Heinlein)

"La vida es sólo un vistazo momentáneo de las maravillas de este asombroso universo. Es triste que tantos estén malgastando su vida soñando con fantasías espirituales"
(Carl Sagan)

"Si le hablas a un dios estás rezando; si te responde tienes esquizofrenia"
(Thomas Szasz)

"Yo no pongo mi ignorancia en un altar y la llamo Dios"
(Robert Charles Wilson)

"Ud. no necesita creer en el ateísmo porque el ateísmo está basado en la RAZÓN."
(Manfred F. Schieder)

"El ateísmo es el vicio de unas pocas personas inteligentes"
(Voltaire)

«La verdad os hará libres, la mentira creyentes.»

«La ignorancia como la religión, cuanto más lejos mejor.»

«Creer es más fácil que pensar. He ahí la razón de que haya más creyentes.»

«La única iglesia que ilumina es la que arde.»

«La única iglesia que ilumina es la reconvertida en biblioteca.»

«La unica Iglesia que Ilumina es la que tiene buenos focos.»
(Omar Crispín)

«Ser ateo es cerrarle la puerta a la ficción y abrirselas a la razón.»
(JDP)

"Históricamente, se creía que la fe movía montañas. Ahora sabemos que la dinamita puede hacerlo mucho mejor"



Vilmente fusilado a Simón Ángel (que de angel tiene poco)

21.6.07

Los mandamientos, segunda parte




Lo he publicado como comentario-respuesta a la entrada anterior, pero por si alguien se lo salta, lo pongo también aquí.

Ampliando mi punto de vista sobre los mandamientos de la santa iglesia a los conductores, me ha surgido comentar que la iglesia se mete incluso donde no le llaman. Y por eso me lo tomo a cachondeo. Me importa un rábano lo que digan los obispos sobre como debemos conducir.

Como si no tuviérmos bastante con las normas de tráfico como para dedicarnos a hacer caso a patrañas además de respetar las normas.

Y analicemos los "mandamientos":

Primero: No matarás: La normativa de tráfico y la ley de enjuiciamiento civil y penal ya lo dicen. Redundante

Segundo "La carretera sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal". Redundante con el primero. No entiendo lo que es la comunión, así que no lo comento.

Tercero "Cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos", pues eso también lo dice la normativa de tráfico, con otras palabras, claro.

Cuarto "Sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente". Idem, redundante

Quinto "El automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado". Vamos hombre, que pasa, que también nos prohiben fornicar en el coche y sacar el dedo a los demás conductores.

Sexto "Convence con caridad a los jóvenes y a los que ya no lo son a que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo". Ahhhhh, ya entiendo, los que no son jóvenes ni viejos SI que pueden conducir aunque no estén en condiciones. Ayyyy, que paciencia con los curas.

Séptimo "Brinda apoyo a las familias de las víctimas de los accidentes". Pues vale

Octavo "Reúne a la víctima con un automovilista agresor en un momento oportuno para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón". CHORRADA

Noveno "En la carretera tutela al más débil" ¿tutelar = enseñar? Pues que se vaya a la autoescuela, que para eso están

Décimo "Siéntete tu mismo responsable de los demás". Las típicas frases vacías de sentido que dicen los curas desde el púlpito


Y por fin, y respondiendo a Anónimo (que nombre más original), efectivamente, leyendo estos diez mandamientos, no me queda más remedio que tomarlo como una payasada.

Y por último, y lo más importante: Anónimo, parece que no lo sabes, y te voy a desvelar un secreto: DIOS NO EXISTE, y una vez lo sabes, tus comentarios pierden su sentido, así como las recomendaciones de rezar el rosario y hacer la señal de la cruz. Por favor, no seamos incultos. Menos viejas beatas y más educación y cultura es lo que necesitamos.

Menos recomendaciones superfluas, inútiles y reiterativas, pura y dura propaganda de la iglesia, y más cumplir el Código de Circulación.


19.6.07

Los mandamientos del buen conductor




El Vaticano cree en tantas tonterías que es capaz de creerse hasta que nos puede dar recomendaciones incluso para conducir. Lo de hoy ya se sale de madre. En su "Orientaciones para la pastoral de la carretera", los curas han enumerado una serie de pautas que el buen conductor cristiano debe respetar.

Quien quiera ver los mandamientos, puede hacerlo aquí, por ejemplo.

Lo mejor, el cierre de la historia:

No está de más que el viajero se haga la señal de la cruz antes de emprender un viaje, ya con ese signo "nos entregamos directamente a la protección de la Santísima Trinidad".

También es fructuoso orar y rezar el rosario durante el viaje.



JAJAJAJAJAJAJA, ¡¡¡¡ cómo me he reido !!!


4.1.07

Razones para creer


Al hilo del panfleto anterior, y para avivar la polémica suscitada con Vicemi y mi querido amigo Joan, voy a fusilar el artículo que publicó hace unos días mi admirado misosofos, y cuyo autor es Richard Dawkins.

Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces, “evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: “¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?” Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.


20.12.06

Papá: ¿Qué es la Navidad?




Mi hijo me contó ayer que en su cole han puesto un montón de cosas de colores y luces, y estrellas y angelitos; que tiene un árbol con bombillas y cajas de regalos debajo. Y muchos papa noel con gorro rojo y barriga, por todas partes. Y una cosa con muñecos que lo llaman belén como a una amiga suya. Que cantan villancicos y que tienen que estar muy felices porque se acerca la navidad. El crío lo que único que le hace feliz es pedir regalos a los Reyes Magos.

Y me preguntó: ¿papá, qué es eso de la navidad?

Y tuve que contestarle, claro. Está en la época del Por Qué y no puedes dejar una pregunta sin respuesta.

Tuve que remontarme a los tiempos prehistóricos, cuando el Hombre dominó el fuego, y se convirtió en el animal más poderoso de la naturaleza. Millones de años arriba o abajo, aquellos antiguos homínidos fueron capaces de obtener conocimiento de si mismos, de la vida y de la muerte, del mundo que les rodeaba, de los animales, de las plantas, del sol, la luna y las estrellas.

Y le conté a mi hijo que aquellos hombres prehistóricos no eran capaces de comprender gran parte de lo que les rodeaba, y por ello, inventaron la existencia de espíritus o deidades que daban explicación a los hechos naturales. El trueno y la tormenta, las heladas y las sequías, el amanecer y el anochecer, engendrar hijos o morir, el vuelo de las aves, las propiedades milagrosas de determinados vegetales, los ciclos de la luna, las estrellas fijas en el firmamento. Todo encontraba su explicación en que los espíritus de los antepasados o los dioses así lo habían determinado.

Entre todos aquellos hechos inexplicables, con los años, se dieron cuenta de que se producían determinadas circunstancias de forma periódica, y de modo inmutable. Observaron la duración de los días y las noches, y percibieron que los días se acortan durante la estación calurosa y las noches eran cada vez más largas según nos acercamos al frío invierno. Pero siempre llegaba un día concreto en que terminaba ese ciclo y, con lentitud, pero de forma imparable, los días volvían a ser cada vez más largos.

Y le expliqué a mi hijo que ese día, año tras año, decidieron celebrar una fiesta, porque estaban felices de que los dioses buenos habían vuelto a derrotar, como todos los años, a los dioses malvados de la noche y las tinieblas. Y esa celebración se trasmitió de padres a hijos durante miles de años.

Mientras, la humanidad siguió prosperando, y lo que empezó con el fuego siguió con la rueda, la domesticación de animales, el cultivo de vegetales, la construcción de poblados, ... las guerras, la esclavitud..., en fin, el devenir del Hombre hasta nuestros días.

Y en aquel principio de la historia, aquellos espíritus y dioses que los hombres crearon para explicar lo que no comprendían, evolucionaron como ideas que eran, y se convirtieron en Religiones. Algunas con muchos dioses y otras uniendo todos ellos en uno sólo, por comodidad, supongo.

Las personas poderosas, caudillos, guerreros, hechiceros, se dieron cuenta de que aquellos sentimientos de religiosidad que mantenían las personas por la tradición podían ser utilizados en su provecho. Y por ello hicieron más fuertes aquellos sentimientos, se escribieron legajos, se inventaron historias, fantasías, cuentos, para aturdir a la gente, para mantenerla mansa y temerosa de sus dioses.

Y por supuesto, las gentes adoraban a los nuevos dioses como si fueran verdaderos, porque así se lo habían hecho creer durante toda su vida. Y celebraban las festividades como siempre, como la que contábamos antes, de la batalla entre la luz y las tinieblas.

Le conté a mi hijo que las religiones siguieron su camino imparable, y apareció una nueva religión que dio origen a lo que hoy se conoce como cristianismo. En sus inicios, fue una rama más dentro de la religión judía. En aquella época, hace sólo 2000 años, al parecer existió un hombre que llamaron Jesús, y que se dedicaba a predicar el bien y el amor entre los hombres. Consiguió muchos seguidores, tanto, que un par de siglos después, los emperadores romanos habían adoptado esa nueva religión. Y por tanto, todos los ciudadanos del imperio.

Los poderosos volvieron a aprovechar estas nuevas circunstancias a su favor, por supuesto, y se inventaron o adaptaron a sus necesidades, la Iglesia, los santos, el cielo y el infierno, el castigo después de la muerte, y tantas y tantas cosas. Entre todo lo que adoptaron que ya existía antes, tomaron la vieja tradición de la celebración de la victoria de la luz. Y se inventaron que en las fechas cercanas al solsticio de invierno, es cuando se produjo el nacimiento de Jesús. Y a eso lo llamaron Navidad.

Y así ha ido evolucionando durante cientos de años, hasta llegar a nuestros días, esa celebración milenaria, falsa, como todos los acontecimientos religiosos, como la religión misma, fundada en la mentira, el engaño, la superstición y la ignorancia, que espero, deseo, que con educación y cultura podamos algún día eliminar de nuestras vidas.

Y eso es lo que le expliqué a mi hijo, espero que lo haya entendido.